Desde hace 30 años me dedico al oficio de ser padre, cualquiera diría que con semejante experiencia uno sabe como llevar a cabo esa tarea. No es así. Dicen que no hay escuela para aprender a ser padre, que todos aprendemos sobre la marcha y con la llegada de más hijos.
Pero aquí no hablamos de producir artículos o aprender carpintería, orfebrería o algún oficio manual, hablamos de personas cuyos aciertos y errores en su educación pueden marcarlos de por vida. Los padres decimos que hacemos nuestro trabajo lo mejor que podemos ¿Será esto suficiente? me pregunto. Los hijos generalmente dicen que no.
He sido hijo y ahora soy padre, he estado en ambos lados de la situación, y uno sabe que cuando juzgamos, criticamos o evaluamos a nuestros padres, un día los hijos harán lo mismo con nosotros. Mis padres tuvieron ocho hijos, cuatro varones y cuatro mujeres ¿Cómo se las arreglaron para educarnos? Todos somos hombres y mujeres de bien. Yo tengo una hija y aún me pregunto ¿Cómo me las arreglo? Es inevitable que los hijos más tarde o temprano revisemos la labor del padre, yo lo hice, y ahora, seguramente mi hija hace lo mismo.
Con la reciente celebración, más un asunto comercial que otra cosa, del día del padre, me puse a repasar mis treinta años en el oficio y encuentro aciertos y errores. Más de unos que otros y es ahí donde mi hija tiene la última palabra al respecto. Espero haber acertado en esos momentos que fueron importantes para ella, la palabra justa en el momento oportuno, la caricia en el instante deseado y la presencia de apoyo en aquellas situaciones necesarias.
De los diferentes oficios, si podemos llamarlos así, de amigo, hermano, esposo, hijo o padre, el oficio de ser padre es el que deja una huella profunda en mi ser. Nada se compara con ejercerlo.
Aún recuerdo cuando en plena madrugada me levantaba a ver si la pequeña bebé en la cuna seguía respirando, y me quedaba un rato en silencio maravillado y temeroso a la vez, de haber participado de semejante milagro. También estuve presente en las noches de alta temperatura, los juegos con sus muñecas, la lectura de cuentos al dormir y las salidas al parque, pero estuve ausente en la guardería, en las largas horas del trabajo y no estar presente en la adolescencia y en el complejo instante de crecer. Y en las noches de angustia y soledad.
De esos momentos a la fecha, han pasado muchos años, y hoy, con un mejor aprendizaje del oficio, consciente de mis errores y aciertos, tan solo aspiro a una sonrisa en el rostro de ella cuando viene hacia mi. Por ello me esfuerzo en ser el mejor padre para mi hija. El padre perfecto que nunca seré.
16 jun 2008
13 jun 2008
VIENDO PASAR LA VIDA # 4
Manejar por la carretera o cuando disfruto de la vista del mar, siempre me transporta a estados de ánimo diversos. Y cuando llueve aún más. En esta ocasión no fue la excepción. Sin embargo unos instantes después, la lluvia cesó y el sol me recibió al llegar al puerto, con la certeza de conducir por el camino correcto.
2 jun 2008
LA MUJER QUE RECUERDA TODO

Jill Price es una mujer de 42 años que es capaz de recordar todo lo que pasa en su vida desde que tiene 14 años edad hasta la fecha. Cuando tenía 8 años su familia se mudó a Los Angeles, y al parecer, esto le causó una gran impresión y su cerebro empezó a trabajar de manera extraordinaria, de tal manera, que desde 1980 hasta la fecha, es capaz de recordar, a que horas se levantó, a quien conoció, que hizo o incluso que comió en un día determinado de su vida. Todos estos recuerdos están almacenados en su memoría y se pueden disparar con una canción, un olor o algún nombre.
Por años permaneció anónima sufriendo en silencio su condición, que dice ella que ha sido más una maldición que una bendición. Sufre de depresión, estress, duerme poco y se decidió a pedir ayuda a un neurólogo, a quien le dijo: "mi memoria es demasido fuerte, es como una película que corre frente a mi y nunca se detiene".
Los científicos han tenido que darle un nombre a su condición: sindrome hyperthymestic.
Escribió un diario de los 10 a los 34 años de edad, detallando todo lo que sucedía en su vida, lo que ha permitido comprobar sus afirmaciones y además la madre confirma los datos. Escribió un libro llamado "The woman who can´t forget" en donde narra su experiencia única.
En ocasiones nos molesta no recordar algunos incidentes, anécdotas, o cosas más cotidianas como el nombre de una calle o el de una persona, para Jill Price, todos estos detalles que incidieron en su vida, los recuerda como si estuvieran pasando ahora mismo. Tanto los buenos recuerdos, como los malos. Y así por el resto de su vida. Impresionante.
27 may 2008
SYDNEY POLLACK (1934-2008)

Sydney Pollack se inició como actor en obras de teatro y en una ocasión mientras trabajaba como asistente de actores en una película de John Frankenheimer, Burt Lancaster le dijo que debería probar la dirección, consejo que siguió para beneficio del cine. Su carrera como director es a mi entender una de las más respetables en el reciente cine estadounidense, bastaría citar algunos de sus logros para darnos cuenta de la impresionante aportación al cine que hizo este eficaz autor cinematográfico. Siempre correcto en su oficio y destacado por su gran dirección de actores, deja un legado rico difícil de igualar. Vayan pues mis títulos favoritos de su brillante carrera:
Como director; El nadador (1968) , They shoot horses, don´t they (1969), Jeremiah Johnson (1972), The way we were (1973), The Yakuza (1975), Tres días del Cóndor (1975), Ausencia de malicia (1981), Tootsie (1982), Africa mía (1985), La firma (1993), Random hearts (1999)
Como productor; Michael Clayton, Breaking and Entering, Cold Mountain, Iris, El talentoso Mr. Ripley, Sliding doors, Sense and sensibility, Flesh and bone, Searching for Bobby Fischer, Presumed inocent, White palace, Los fabulosos hermanos Baker.
Su pasión inicial como actor la continuó en varias películas y su último trabajo como director fue un documental sobre Frank Gehry. De sus 20 películas como director solamente desconozco su primer trabajo, "the slender thread", y buena parte de ellas las tengo en mi colección personal. Lo extrañaremos delante y atrás de cámara.
24 may 2008
HISTORIA DE UN LETRERO
El Festival de Cannes tiene diferentes secciones, tanto de competición como de muestra, en una de ellas acaba de ser premiado un cortometraje dirigido por Alonso Alvarez, un joven de Tampico , Tamaulipas, lugar que me vio nacer y donde ahora se origina una noticia para el medio cinematográfico mexicano. De manera modesta y sencilla Alvarez logra un corto emotivo que llega al corazón. Por cierto, el joven no fue aceptado en varias escuelas del país y ahora estudia en San Diego, asimismo le fueron negados algunos apoyos para la producción y hoy todos se quieren "colgar" de su éxito. Rechazado además en varios festivales en México, ahora tiene el gusto de ser premiado en el festival más prestigioso del mundo. Dicen que nadie es profeta en su tierra.
20 may 2008
SE BUSCA REMEDIO

Dicen en los talleres literarios que hay que escribir todos los días, incluso los grandes escritores nos revelan los secretos de su escritura diaria como una disciplina. Pero en ningún lado dicen que hacer cuando uno no quiere o no puede escribir.
Quienes se han asomado a este espacio en los días anteriores notarán que no hay nuevas entradas. Hasta ahora. Bueno, solo para decir que no hay nueva entrada.
Quizas esto de ver pasar la vida se queda en mis manos y no me obedecen. ¿Qué hacer? ¿Esperar a que llegue la musa? ¿La inspiración?
O será que el inmenso libro de 1,000 páginas me tiene chupado el cerebro. Apenas voy por la 380 y quizás me agobia lo que falta. En realidad conforme avanzo en la trama se pone más interesante. ¿Será que soy lector y el aprendiz de escritor colgó sus manos?
Se aceptan sugerencias, remedios, consejos o cualquier brebaje que devuelva la obediencia a mis manos sobre el teclado.
7 may 2008
VIENDO PASAR LA VIDA # 3
PALOMAR, Lectura de una ola de Italo Calvino
El mar está apenas encrespado, olas pequeñas baten la orilla arenosa. El señor Palomar de pie en la orilla mira una ola, no está absorto en la contemplación de las olas. No está absorto porque sabe lo que hace: quiere mirar una ola y la mira. No está contemplando, porque la contemplación necesita un temperamento adecuado, un estado de ánimo adecuado y un concurso de circunstancias exteriores adecuado; y aunque el señor Palomar no tiene nada en principio contra la contemplación, ninguna de las tres condiciones se le da. En fin, no son "las olas" lo que pretende mirar, sino una ola singular, nada más; como quiere evitar las sensaciones vagas, se asigan para cada uno de sus actos un objeto limitado y preciso.
El señor Palomar ve asomar una ola a lo lejos, la ve crecer, acercarse, cambiar de forma y de color, envolverse en si misma, romper, desvanecerse, refluir. Llegado a ese punto podría convencerse de que ha llevado a término la operación que se había propuesto e irse. Pero aislar una ola separándola de la ola que inmediatamente la sigue, y como si la empujara y por momentos la alcanzara y la arrollara, es muy difícil, así como separarla de la ola que la precede y que parece llevársela a la rastra hacia la orilla, cuando no volverse en contra como para detenerla. Y si se considera cada oleada en el sentido de la anchura, paralelamente a la costa, es difícl establecer hasta donde se extiende ininterrumpidamente el frente que avanza y dónde se separa y segmenta en olas que existen por sí mismas, distintas en velocidad, forma, fuerza, dirección.
En una palabra, no se puede observar una ola sin tener en cuenta los aspectos complejos que concurren a formarla y los otros igualmente complejos que provoca. Estos aspectos varían continuamente, razón por la cual una ola es igual a otra ola, aunque no sea inmediatamente contigua o sucesiva; en una palabra, hay formas y secuencias que se repiten, aunque estén distribuidas irregularmente en el espacio y en el tiempo. Como lo que el señor Palomar pretende hacer en este momento es simplementte ver una ola, es decir, captar simultáneamente todos sus componentes sin descuidar ninguno, su mirada se detendrá en el movimiento del agua que bate la orilla hasta ser capaz de registrar aspectos que no había captado antes; apenas comprueba que las imágenes se repiten, sabrá que ha visto lo que quería ver y podrá abandonar.
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