14 mar. 2009

HOTEL PARAISO



El bar está sumido en una atmósfera oscura, en donde pequeñas lámparas de color ámbar dejan caer su luz sobre las mesas. El humo del cigarro y el sudor llenan el ambiente ruidoso por encima de la música, que una pequeña orquesta ejecuta de manera desganada. El hombre se sienta en una mesita redonda a un lado de la pista de baile, para entrar al local miserable tuvo que darle dinero al cadenero, que estaba empeñado en no dejarlo pasar, sino no se “mochaba” con la lana.
En la pista varias parejas variopintas bailan muy pegadas entre si, todas la mujeres llevan minifalda o vestido de licra, que constantemente se les suben hasta muy arriba del muslo, algunas repetidamente se la bajan y otras, cansadas quizás, la dejan ahí. La mayoría de las mujeres se ven algo gastadas y cansadas, las más jóvenes están con hombres mayores que las manosean mientras restregan su cuerpo con ellas.
No supo en que momento se decidió a seguir la parranda por él solo, los compañeros de oficina se habían retirado de la cantina, donde acudieron a terminar el viernes de quincena y brindar por el cumpleaños del jefe. Todos se fueron a sus casas, en cambio él, se quedó un rato más mirando sin interés las imágenes en silencio de un partido de básquetbo,l en una de las televisiones de la cantina. Nadie lo espera en casa, su ex mujer y su hijo se mudaron a Veracruz con la familia de ella, hace seis meses del divorcio, por ello, la idea de llegar a su departamento en la colonia Narvarte no le agrada. Toma rumbo a casa pero al cruzar la colonia Doctores encuentra por ahí, un antro llamado Las sirenas que llama su atención. Deja su auto con el valet parking, y para asegurarse que no le roben algo, le deja una buena propina, pues ese rumbo es conocido por sus robos.
Varias mujeres se le acercan para que las invite a “fichar” con él, pero de momento solo quiere beber y ver a las mujeres en la pista y aquellas que caminan mirando a los clientes en busca de una ficha. Una mujer de mediana edad, o quizás joven, pero avejentada por la vida nocturna, llama su atención, viste un vestido muy corto de un morado encendido, unos zapatos rojos de tacón muy alto que sostienen un par de piernas morenas y torneadas, su figura se realza con unas nalgas pródigas y redondas, lleva el cabello suelto y ensortijado. Un viejo se esfuerza por seguirle el paso mientras bailan al son de las notas de un bolero. Ella capta la mirada insistente de él y por encima del hombro del viejo, le regresa la mirada y descubre en ella un dejo de tristeza, sin embargo le sonríe.
Un mesero lo saca de su ensimismamiento y le pregunta que toma, decide cambiar el güisqui que había bebido en la cantina con sus compañeros y pide un ron con refresco de cola y agua mineral, puesto, para servirlo él mismo. Enciende un cigarro y deja salir el humo lentamente entre sus labios mientras recorre el cuerpo de la mujer en la pista. La pieza termina y el viejo deja a la mujer para dirigirse al fondo del local a darle respiro a la vejiga. La mujer sin titubear se deja venir hacia él.
- Hola guapo, ¿No me invitas un trago? – le preguntó
- ¿Que quieres tomar? – contestó.
Llega el mesero con su bebida y ella le pide un tequila blanco sin sangrita.
- No te había visto por acá – dijo la mujer
El solo mueve la cabeza afirmativamente, trajeron el tequila y ella le pregunta:
- ¿Porqué brindamos?
- Por tu tierra, ¿De donde eres? – le pregunta él.
Ella sonríe, asintió con la cabeza y le contestó:
- De Xico, allá por Xalapa, Veracruz.
- Pues brindemos por Xico, - dijo él.
Bebieron de sus copas y ella le dijo:
- Y tú ¿De donde eres?
- De Tampico, del mero puerto – añadió él.
La orquesta vuelve a tocar y ella le invita a bailar. Se levantan y se acercan a la pista donde las parejas reanudan su danza en medio del sudor y los deseos. Toma su mano y se acerca a él, quien pasa su brazo por la cintura y la atrae hacia su cuerpo. Siente sobre su pecho los senos de la mujer y el vientre sobre su sexo. La mujer huele a vainilla, sudor y a sueños olvidados en un antro, esa mezcla de aromas le enerva los sentidos, cierra los ojos y deja que la música los lleve por la pista.
Bailan varias piezas y luego regresan a la mesa, se acaban sus bebidas y piden otra más. El hombre le pregunta si le gustaría salir a un hotel, ella le dice que se tomen otra copa y luego se arregle con el mesero para poder salir. Así lo hizo, ella cambia sus fichas, él paga la cuenta y la cuota por sacar a la mujer.
Afuera llueve incesantemente, se van por los rumbos de la colonia Roma, encuentran un hotel llamado Paraíso, ahí cerca donde alguna vez estuvo el cine Gloria, ahora convertido en un antro más. Se bajan corriendo hacia el edificio y al llegar a la puerta la mujer resbala y casi cae, el hombre la sujeta y entran chorreando agua. Después de pagar por el cuarto, llegan a la habitación, ella se mete al baño y sale envuelta en una toalla y con el cabello mojado, al fondo colgado de la pared, deja el vestido morado.
- Cómo te llamas – preguntó él.
- Esperanza ¿y tú?
- Tomás.
Ella se acerca a él y lo empieza a desvestir, se meten a la cama y, se entregan al sexo, primero suave y después urgentemente, entre dos seres que esa noche se necesitan uno al otro, como si en ello les fuera la energía para cruzar la oscuridad de la noche.
Ahora están desnudos, uno junto al otro, él alcanza los cigarros y le ofrece uno a ella, fuman en silencio por unos momentos.
- ¿Eres casado? - pregunta ella
- No, divorciado, tengo una hija que vive en Veracruz con su mamá ¿Y tú?
- Tengo una niña, su padre anda por ahí, sin saber de ella.
- ¿Qué haces por acá tan lejos de Xico?
Ella le contó con una voz sin entonación, sin pausas, de corrido, de su viaje al Distrito Federal y su trabajo como mesera en un Vips, el acoso del gerente y la amenaza del despido si no lo aceptaba. Del embarazo y el consiguiente despido, de la negativa a ayudarla o aceptar a su hija…
- El resto, pues como en las películas, no faltó quien me invitara a la ficha. – añade ella.
- ¿Y ya no regresas a tu tierra? – dijo él.
- Nomás que junte un poco de lana, me regreso, pero, ya ves, eso vengo diciendo hace tres años. ¿Y tú en que andas?- Le dice mientras le da una chupada al cigarro.
- Por ahora necesito la lana del trabajo en la Secretaría, entre la pensión a mi vieja, la niña y mis gastos, pues la voy pasando.
Se quedaron en silencio un momento y él añadió.
- Me gustaría irme a Tampico, regresar al mar...
Bañados por la luz del anuncio luminoso del hotel Paraíso, la mujer y el hombre fuman en silencio, la tormenta arrecia y ahora se escuchan truenos y relámpagos. Esperanza se acerca a Tomás y se abrazan desesperadamente para olvidar sus sueños, aguantar la noche y alcanzar un nuevo día. Afuera el agua de lluvia se lleva la basura de las calles.

Este texto forma parte de la antología AGUA, de reciente aparición. Y con esta colaboración en la asociación de Escritores Tirant lo Blanc, me retiro del grupo para emprender nuevos retos. Mi agradecimiento a las compañeras y compañeros por permitirme compartir esta experiencia con ellos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario