19 may. 2010

UNA PUERTA AL RÍO


Dice Steven Spielberg que él filma las películas que le gustaría ver en una sala de cine. Quizás en ocasiones yo compro libros que me gustaría escribir. Mientras compraba en un supermercado unos tomates, cebollas, cereales y legumbres diversas, encuentro una mesa con diversos libros de la editorial La otra orilla. Llama mi atención el título de Una puerta al río, traducción del inglés de Memorias de un barco que se hunde del escritor estadounidense Barry Gifford. Preparo un libro inédito cuyo título me liga con el de Gifford y la estructura y manera de presentar esta novela es otro proyecto en espera. Por todo esto, lo añado entre las verduras y vituallas diversas y me lo llevo.
Construído a base de pequeños relatos autobiográficos, conocemos, a través de la mirada de Roy, un niño de siete años, todo un mundo de recuerdos ligados fuertemente a la madre desorientada y al padre en negocios turbios. Así como los continuos viajes por la América de los años cincuenta y sesenta. Textos llenos de imaginación y recuerdos de infancia y adolescencia, en los que Gifford construye una novela que emociona y se queda en el gusto por un buen rato. Compuesta de tres partes, es de llamar la atención la parte intermedia llamada Wyoming, en donde todos los relatos son conversaciones entre la madre y Roy que viajan por diversos puntos de America, llenos de ternura y delicadeza que sorprenden por la sencillez y efectividad de los mismos.
Mientras publico el libro inédito o escribo el libro de relatos autobiográficos, leo este barco que se hunde.

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