10 oct. 2010

UNA MAÑANA

Viejo en sillón Rembrandt

Arrastra los pies y se toma la parte de atrás de la cintura, como si con ello se empujara para seguir por la vida. Después de pasar al baño para aliviar la vejiga,se toma las pastillas de colores y formas diferentes para todas las dolencias propias de su edad. Calienta una taza con agua en el microondas para un café instantáneo. Lejos están aquellos días de prepararse un café bien cargado en la entonces moderna cafetera. Toma una manzana que parte en cuatro y a la que quita las semillas y el centro. Come lentamente con la mirada fija y perdida en otro lugar y tiempo. Sorbe un poco de café y moja un pedazo de pan en el líquido negro. Deja en el fregadero la taza y se dirige al baño donde se lava la cara y el cuello y se moja el pelo para peinarlo. Toma el pantalón gris, luego la camisa pringosa y arrugada como su rostro y se calza los botines desgastados por tantos pasos por la vida. Se atusa la barba y se coloca la pajarita de color amarillo. Sentado en el sillón enciende la máquina de recuerdos personales y se traslada a días más alegres en compañía de su familia.

8 comentarios:

  1. ¡Qué relato más sentido y bonito!
    Me alegra que cuelgues relatos, ¡me encanta!!
    Besicos muchos

    ResponderEliminar
  2. Siento debilidad por los relatos que se centran en la simple descripción de la apariencia, movimientos y gestos de los personajes, detalles que por sí solos dibujan una historia. Muy bueno.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  3. Gracias Nani, que generoso tu comentario. un abrazo

    ResponderEliminar
  4. Mi escritura la inicié con este tipo de microrrelatos, que luego dejé para intentar desarrollar el oficio. Ahora regreso por estos días. Un abrazo Miguel

    ResponderEliminar
  5. Insisto: no quiero llegar a ser anciana. Y sé que no debería de escribirlo, pero ya ves, lo hago.
    Pero quiero creer en tu texto, que su corazón no está cansado.

    ResponderEliminar
  6. Yo también deseo lo mismo Graciela. Y lo de llegar a viejo pues ... saludos

    ResponderEliminar
  7. Ah, la mirada atrás, qué triste remedio. Muy bien narrado, con sencillez y mucho acierto.

    ResponderEliminar
  8. En ocasiones el recuerdo llena un día en la vida. saludos

    ResponderEliminar