24/10/2007

¿PARA QUÉ LEEMOS?





Recientemente se llevó a cabo en la ciudad de Tulancingo , Hidalgo, el Primer Encuentro de Escritores Latinoamericanos, gracias a los buenos oficios de la escritora y promotora cultural, Cristina de la Concha y a su equipo de colaboradores. Tuvimos la fortuna de participar y una de las experiencias más significativas fueron un par de visitas a escuelas, donde pudimos leer e intercambiar experiencias con los alumnos.

En una secundaria, un alumno pidió la palabra y solicitó le explicaran para que sirve leer libros y porqué hay que hacerlo. Rápidamente un murmullo de voces se escuchó entre los escritores presentes, tanto de nuestro país, como de Argentina, Chile, Nicaragua entre otros. Que brillante oportunidad de dirigirnos a unos jóvenes deseosos de participar y de conocer nuestras respuestas. Resumir algunas de ellas sería muy extenso, pero dio origen a una discusión sobre los motivos para leer, los sistemas educativos y el papel de las escuelas en la formación de los jóvenes. Sin duda uno de los momentos más interesantes de este Encuentro.

El otro, se dió en el aula de una escuela primaria donde tuve la fortuna de participar. Ante niños y niñas de 9 a 13 años, Queta Gómeznava narradora del D.F., Maria Elena Solórzano cronista de azcapotzalco, Daniel Wence narrador de Morelia, una poeta del D.F., cuyo nombre se me escapa y un servidor, leímos cuentos y poemas para ellos. La respuesta fue gratificante, ha juzgar por sus comentarios y preguntas que parecían no acabar nunca. Les recomendamos leer lbros y que intentaran llevar un diario donde escribieran sus impresiones cotidianas. Se decidió, también, que nos escribieran sus preguntas o comentarios y, que al día siguiente que volveríamos a pasar por ahí, nos hicieran llegar los mismos.

Al otro día, al salir de una mesa de lectura, varios de estos niños se acercaron y me entregaron cartas con dibujos donde decían su gusto por mi cuento leído y sus aspiraciones de leer más y escribir un diario. Quienes recibimos tales cartas fuimos tocados por la gracia e ingenuidad de los niños, de tal manera que nos conmovieron.

Comenté con Daniel Wence, conmovido también, que con un escritor y un lector que consiguieramos de estas lecturas había valido la pena la experiencia del Encuentro.






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