24 jun. 2008

MI VIDA EN EL REINO ANIMAL

Gerald Durrell escribió “Mi familia y otros animales” y “Los bichos y otros parientes”,
un par de libros deliciosos donde describe su afición a los animales y las peripecias con su familia. Del primero incluso existe una película. Nunca he sido un fanático de los animales, pues nunca he tenido perro, gato o tortuga, aunque tuve un canario al cual le abrí la puerta de la jaula y como no se quería ir, lo tuve que sacar a la fuerza y luego me dijeron que los canarios no viven en libertad y que lo condené a una muerte segura. Pues nada de eso me dijeron en la tienda de animales. Tuve un pececito que al cambiarle agua, en un descuido se fue por la tubería del lavabo. Me retiré entonces de cualquier convivencia con los animales. Hasta ahora.
Ahora que vivo en el puerto de Veracruz tengo que convivir con el reino animal, hace algún tiempo relaté mi experiencia con las hormigas, en realidad convivo con varias especies. Por la mañana abrí la puerta del clóset y una lagartija se asustó de la interrupción de la que fue objeto, de ahora en adelante tendré que revisar los bolsillos de pantalones y camisas para no llevarla de paseo. Por las noches, junto a la ventana una lagartija que le llaman “la besucona”, pues emite unos sonidos como besos al aire, acostumbra ejercitar sus sonidos sobre el aparato de aire acondicionado. Eso si, siempre me duermo con un beso al aire del animal.
Hace unos días una gran mariposa nocturna revoloteaba alrededor del foco de la sala y no tuvo intenciones de salir hasta dos días después. Anoche una mosquita se paró desafiante en la pantalla de mi laptop y me estuvo molestando un buen rato, hasta que tuve aplastarla en la pared, la mancha me recuerda mi crimen. Las palomas azotan las paredes y el balcón de la entrada a mi departamento, además de las plumas que se cuelan constantemente por las ventanas. Y cuidado con los moscos, además del sonido irritante alrededor de las oreja, justo cuando apagas la luz para dormir, hay que eliminarlos pues algunos transmiten el “dengue”, que se caracteriza por altas temperaturas y puede llegar a ser mortal. De las hormigas ya ni hablo, imposible negarles el paso por debajo de las puertas, las ventanas o rendijas diversas. Y cuidado con dejar azúcar en algún lado que llegan cientos a devorarla. En el piso de arriba un perrito ladra todo el día, solitario, sin que sus dueños se aparezcan hasta entrada ya la noche. Y ya ni hablo de un par de vecinos que se comportan como animales, pues sería injusto con las especies del reino animal. Voy a buscar mis libros de Durrell, para recordar el lado amable de la vida con el reino animal.

4 comentarios:

  1. Los que más me gustan de todos los que describes, son los de la especie humana que se compotan como animales. En esos casos, para aprender a convivir, deberíamos empezar por llevar un bozar y vociferar menos hasta conseguir una educación acorde con los vecinos donde vivimos.
    Besicos

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  2. Muy divertida tu crónica.
    Yo nunca quise tener animales. Mi hijo dice que le gustan tanto los animales que quiere ser veterinario. Un día, él y su hermana hicieron una manifestación, con carteles y todo, pidiendo un perro. Pero ni por esas.
    Al final tengo dos periquitos. Hubo que ceder en algo, claro.
    Un abrazo.

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  3. Nani: Los buenos vecinos en ocasiones son escasos, en cambio los que se comportan mal, abundan.Saludos

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  4. Miguel: Me imaginé la minifestación con carteles y sonrío. Ahh los hijos, con ellos debemos ceder.
    Saludos

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