8 oct. 2011

EL HORROR

Estamos en una ciudad moderna del siglo XXI, en el área de oficinas y departamentos, es una noche cualquiera en un departamento de la quinta avenida, adentro se lleva a cabo una fiesta. Acuden publicistas, profesionistas de las finanzas, modelos y alguna actriz o actor no tan de moda. Se escucha música de ambiente moderno y al fondo hay un cuarto donde entran y salen los invitados. Ahí, en una mesa de vidrio se ofrecen una rayas blancas de un polvo que los invitados aspiran. Regresan a la reunión con una sonrisa en la cara. Ahora estamos en un callejón de esa ciudad, la noche de octubre es fría y sopla un viento suave. Un par de hombres intercambian dinero y un paquete, uno de ellos se aleja y el otro enciende una pequeña pipa y aspira profundamente. Regresa a la calle con una sonrisa en la cara.
Detrás de estas dos acciones hay un traficante que recibió el producto, lo rebajó y lo distribuyó. Ese dinero se incorpora a la economía legal. El producto pasó por la frontera de manera clandestina o a través de la corrupción en ambos lados. Esa frontera de un lado, que no permite el paso de ilegales, pero que impunemente deja pasar o pasa armas de grueso calibre y combate, que llega a manos de los grupos en el otro país. Decíamos que ese embarque lo llevó un grupo de hombres que recibieron el producto de otro grupo de hombres que se encargan de la distribución en el otro lado. Quienes a su vez tienen a grupos armados que resguardan laboratorios ilegales o sembradíos clandestinos en donde obligan a trabajadores del campo a laborar en esos lugares y a su vez corrompen a autoridades locales para operar. Existen otros grupos que desean hacer lo mismo en la zona y se enfrentan entre si por la plaza donde operan. En esa ciudad corrompen a todo tipo de ciudadanos, funcionarios y autoridades. Reclutan a jóvenes sin trabajo o expectativas de desarrollo, asesinan de manera aleatoria ya sea para eliminar a competidores o para sembrar el pánico y operar impunemente. Quienes deciden salir de este círculo delictivo o de adicción, son asesinados con violencia extrema.
Las autoridades del estado libran una batalla para detener esta espiral que se inicia en ambos lados como un círculo vicioso. En ese combate a la delincuencia mueren involucrados en esas actividades por motivos diversos y ciudadanos honestos que tienen la mala fortuna de quedar entre dos fuegos de un enfrentamiento. Unos y otros ciudadanos de un país que un día, mes o año de estos del señor, perdió la inocencia y se entregó al horror. Mientras en Manhattan y en el Brox se llenan la cara de ... sonrisas.
Dicen amigos cercanos que siempre imagino historias a cada rato.Entonces añado: "cualquier semejanza con la realidad es pura coincidencia".

1 comentario:

  1. Sí José, cualquier semejanza con la realidad es pura coincidencia, pero tu imaginación va muy bien encaminada, ¡por desgracia así es! ¿Se acabará alguna vez?
    Besicos muchos.

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