11 mar. 2008

A LA CÁRCEL LOS MIRONES


La Asamblea Legislativa del Distrito Federal (ALDF) inicia su segundo periodo de sesiones con varias iniciativas que van a generar polémicas. Entre otras; la castración química para pederastas y violadores, nueva acta de nacimiento a quienes opten por el cambio de sexo, la regulación de las manifestaciones públicas, regulación de la prostitución, legalizar la portación de hasta tres gramos de marihuana, la tenencia de perros peligrosos y la Ley de Acceso a las Mujeres a una Vida Libre de Violencia. Esta misma asamblea ya había legislado por el matrimonio entre personas del mismo sexo, despenalización del aborto hasta las doce semanas de embarazo y algunas más. Me referiré tan solo a la llamada Ley de Acceso a las Mujeres, aunque las demás tienen mucha tela de donde cortar. En esta Ley se establecen posibles penas ante “Toda acción u omisión que amenaza, pone en riesgo o lesiona la libertad, seguridad, integridad y desarrollo psicosexual de la mujer, como miradas o palabras lascivas, hostigamiento”. Es decir, entre otras cosas se determinará si una mirada o palabra lasciva es un delito o una falta cívica.

Esto de la redacción de leyes siempre da dolores de cabeza, por ejemplo ¿que es una omisión en el desarrollo psicosexual de la mujer?: ¿cuando el marido llega cansado y no le da su beso a la esposa? ¿o cuando el marido no pudo alcanzar la erección?, ¿o cuando el marido sale con el dolor de cabeza? Han de pensar que exagero, pero nada en este país es una exageración. Lo siguiente será legislar las “miradas que matan”.

Por otro lado, quienes vivimos en el estado de Veracruz estamos ante la posibilidad de ir a la cárcel por mirar a las mujeres. Es del conocimiento popular que este estado es pródigo en mujeres atractivas. De aprobarse esta ley, tendremos que tener mucho cuidado en como veremos a estas mujeres a nuestro alrededor. Pues podemos terminar en la cárcel.
Hoy al despertarme intenté, ante el espejo, por varios minutos una mirada lasciva, tratando de desentrañar el misterio de la misma. Aún sigo en ello. Supongo que ha de ser algo así como morderse el labio inferior, dejar escurrir un poco de saliva y entrecerrar los ojos. Aunque eso mismo hacía Lon Chaney en las películas de horror de antaño y creo le dieron un Oscar por ello.
Quienes ejercemos nuestro derecho al voyerismo estamos en peligro inminente por la mentada Ley, ahora cualquier mirada puede ser interpretada como lasciva; Dice el diccionario que Lascivia es: (del latín lascivia) Propensión al disfrute de los placeres carnales. Y yo pensaba que todos los humanos teníamos esa propensión, no solo los mirones.

Esta Ley será objeto de corrupción, chantaje y, todo un banquete para quienes se encuentran enquistados en el sistema de la aplicación de justicia, con la posible pena de cárcel por mirar a una mujer. Supongo que ahora también será motivo de divorcio: señor juez me quiero divorciar de mi marido pues me mira de manera lasciva y, además quiero que vaya a la cárcel, a ver si así se le quita lo mañoso. Un momento por favor, y ¿las mujeres que le tiran besos, calzones y miradas arrobadas a Luis Miguel y Alejandro Fernández, no incumplen esta misma Ley? ¿Y los hombres no podemos ejercer ese mismo derecho? En las conferencias de prensa en México de Brad Pritt y George Clooney, varias periodistas y no faltó el periodista, que incumplieron esa Ley, ni duda cabe.

La verdad, me conformaría con que las mujeres objeto de violencia sexual, no fueran tratadas como incitadoras o provocadoras por los funcionarios que aplican la justicia, (o deberíamos decir la injusticia), que no fueran careadas con sus agresores, que tuvieran el derecho del aborto ante esa agresión o que no las despidieran de su trabajo y que tuvieran derecho al apoyo sicológico. Además de mayores penas de cárcel a los agresores. Pero nada de esto servirá si no se utilizan programas de prevención, mejor educación sexual y sobre todo, que en el seno familiar se trasmita la equidad respetuosa de los géneros.
Por las dudas, me voy a la óptica por unos lentes oscuros.

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