28 sept. 2008

PAUL NEWMAN (1925-2008)


Querido Paul:
A pesar de que no me conoces, me dirijo a ti con la gracia que me otorga la sala oscura del cinematógrafo, desde donde he seguido tu brillante carrera. Aunque me queda claro que siempre huiste de los halagos, los premios y alabanzas sobre tu trabajo, hoy no puedo dejar de hablar sobre tu extraordinaria presencia en la pantalla.
Soportaste con gran dignidad y estoicismo cuando algunos ignorantes te calificaban como el nuevo Brando, sin darse cuenta que lo que en Brando era exceso y pasión, en ti era gracia y mirada interior. Tu capacidad de rango actoral te permitió interpretar, entre otros papeles; un escultor griego durante el Imperio Romano, un joven y letal pistolero en el viejo Oeste, un obstinado prisionero con dignidad, un joven opuesto a su padre, un sagaz jugador de billar, un comprensivo detective privado, el más simpático bandolero del Oeste, un boxeador aguerrido, un grosero coach de Hockey, un intachable comerciante que se enfrenta a la ética periodística, un abogado borrachín que busca la redención o un padre que protege a su hijo a costa de todo. Recorriste una carrera desde tus años mozos con toda la belleza de tu rostro y ojos azules, hasta el rostro sereno y experimentado más reciente, en donde tu mirada siempre dejó ver la clase de ser humano que has sido. Te diste tiempo para pasar a la dirección y compartir con Joanne la pasión por la actuación que ambos tuvieron durante toda una vida y, tus acciones filantrópicas han dado esperanza de vida a muchos jóvenes con la terrible enfermedad que ahora te aleja de nosotros. Te diste tiempo para ser un atolondrado aficionado a la pesca, un arrojado conductor de autos de carreras y un fiel amigo. En esa feria de vanidades que es Hollywood, nos diste un ejemplo de talento y dignidad que siempre admiramos. Hace apenas unos días le dijiste a un querido amigo que pasó a saludarte: “ It´s been a hell of a ride”. Gracias por ello querido Paul.

26 sept. 2008

LA MUJER NADA

Había una vez una mujer que no era ella. Negaba todo lo que era o hacía. No soy, repetía constantemente. Decía que no era esposa, pero tenía marido que no sabía que hacer con ella. No soy ama de casa, explicaba, pero le encantaba lavar y poner sus penas al sol. Tomaba fotos por doquier con su camarita digital y coleccionaba fotos del mar y las montañas, pero negaba ser fotógrafa. Llevaba un diario personal puntual y extenso, aunque no soy escritora se apresuraba a aclarar. No me concibo como mujer, repetía constantemente, pero una hija adolescente la desmentía. Soy fea y lo acepto, se decía, aunque una sonrisa bastaba para iluminar su rostro. En fin, decía que no era nada, nada de nada. Cuentan que un día empezó a desaparecer poco a poco, se volvió etérea, transparente y finalmente desapareció. No quedó nada de ella. Hoy todos se preguntan si realmente existió.

22 sept. 2008

VIENDO PASAR LA VIDA # 6



UN LUNES GRIS
El mes de septiembre se termina, el verano se acaba y el sol se esconde ahora detrás de las nubes grises que anuncian la próxima estación. Es inicio de semana, el calor habitual y el astro rey descansan ante la brisa que viene del mar. Los nortes, huracanes y demás fenómenos meteorológicos, azotan el Golfo de México y el Caribe. Es un lunes tranquilo, fresco, sin los colores, música y ambiente de todos los días. Aún así, la semana avanza inexorablemente, apenas comienza una vez más. A trabajar entonces, la vida continúa. También.

19 sept. 2008

ADIOS YANKEE STADIUM


En dos ocasiones he visitado la ciudad de Nueva York, “la gran manzana”, y siempre busqué asistir a sus lugares emblemáticos o a sus atracciones turísticas. Así es que conocí la Quinta avenida, el Empire State, los museos Metropolitano y de Arte Moderno, asistí a las obras de teatro en Broadway y a sus clubes nocturnos, librerías y tiendas departamentales etc. Pero nunca fui al Yankee Stadium. Hoy debo lamentarlo a la luz de los acontecimientos de este fin de semana.
En mi niñez en el puerto de Tampico, jugué béisbol y softbol de manera esporádica, siendo el fútbol y el básquetbol, las disciplinas que jugué de manera amateur organizada. Pero el deporte de “la pelota caliente” como se dice en nuestro país, siempre ha sido mi favorito como aficionado. He presenciado dos juegos de Ligas Mayores de béisbol; una vez en San Diego, con mi padre y otra en Monterrey, Nuevo León, con mi hija, cuando se inició la temporada del béisbol por primera vez fuera de los Estados Unidos. Desde hace varios años, contrato dos canales exclusivos de béisbol de ligas mayores para disfrutar de los emocionantes juegos. Este fin de semana el Yankee Stadium será el escenario de los últimos juegos de béisbol que se jueguen en sus instalaciones; “la catedral del béisbol”, “la casa que Babe Ruth ayudó a construir” cierra sus puertas este domingo, cuando los Yanquis jueguen su último partido en casa. Desde que se anunció la construcción del nuevo estadio, me hice el propósito de asistir este año a un juego en ese legendario estadio, sin embargo por una u otra razón el viaje no se dio. Todavía hace una semana comprobé las elevadas tarifas de avión y hoteles para ir a la gran ciudad. Más allá de lo que mi bolsillo puede aceptar. Por ello, habiendo cumplido con las tareas culturales, tales como asistir al cine a ver la, acertada, versión cinematográfica de la novela “Arráncame la vida”, de Ángeles Mastreta, de haber concurrido a la FILU en Xalapa y comprar diversos libros, de planear asistir a una conferencia sobre literatura de Veracruz, esta noche de viernes, ahora merezco pasar sábado y domingo frente al televisor, para disfrutar de los dos últimos juegos de béisbol en el Yankee Stadium. Armado de hot dogs, de papas fritas y mi coca cola, me adentraré por el rumbo de la primera base televisiva a disfrutar de este hecho deportivo histórico, del cual seré partícipe, desde un cómodo sillón frente al televisor. Como si estuviera ahí.
Y no me interrumpan que van tres bolas y dos strikes, en la loma de los lanzamientos está el relevista estrella y en el plato de batear, el jonronero del equipo contrario. Ni un guionista de Hollywood lo haría mejor.

16 sept. 2008

LOS LIBROS


En una reciente visita a la ciudad de México, había salido con las manos vacías de una librería después de recorrer pasillos diversos sin encontrar nada que ganara mi atención. Este fin de semana asistí a la FILU 2008 en la ciudad de Xalapa y me dediqué a buscar nuevos autores, curiosidades o subsanar algunos olvidos. La visita fue afortunada pues tuve ocasión de salir ahora con algunos títulos interesantes.
Siguiendo con mi aprendizaje poético dos autores totalmente opuestos en tiempo, lugar y temática, Rudyard Kipling en una preciosa edición de la editorial sevillana Renacimiento; "El himno de McAndrew y otros poemas" y, una modesta edición de Armando Alanís, poeta de Monterrey, México, con un título que llamó mi atención, "La costumbre heróicamente insana de hablar solo". Quizás me ganó la identificación. De la interesante editorial Periférica de España, dos ejemplares también de autores alejados en el tiempo; "La pelirroja" de Fialho de Almeida, publicada por primera vez en 1878, sobre los deseos y pasiones de una joven hija de un enterrador y, "Mi abuelo", de Valérie Mréjen, publicada inicialmente en 1999, sobre la mirada de una joven francesa sobre su familia y de toda una generación de finales de los años sesenta. Llama mi atención que la editorial autoriza la reproducción total o parcial de la obra en cualquier medio, siempre que no sea con fines comerciales. A mi entender, una sabia decisión.
Dos sólidas escritoras, una mexicana y otra española con sendos libros de cuentos; Beatriz Espejo con sus "Cuentos reunidos", que reune su obra de 1979 a 2004 y Esther Tusquets con "Siete miradas en un mismo paisaje", una visión ácida de la vida catalana de los años cincuenta. Y tres diversos intereses; "Con la esperanza entre los dientes" del polifacético John Berger, (que un día de estos obtendrá el reconocimiento del público) con sus artículos publicados en el diario La Jornada de México sobre temas tan diversos como la guerra, poesía, literatura, cine o música. Carlos Montemayor realizó una investigación histórica sobre la expropiación petrolera, que serviría para un posible guión de una película que aún no se ha filmado: 1938: el petróleo que fue de México. Mi paso por la industria peltrolera, donde tuve ocasión de elaborar guiones sobre pasajes de la Historia del petróleo, lo hicieron atractivo. Y finalmente "Taller de escritura creativa" de Marcela Hinojosa y Berta Hiriart, para mi acervo de herramientas literarias. Llegar a casa con el paquete de libros, extenderlos y uno a uno revisarlos, hojearlos y decidir su sitio en la lista de títulos por leer, es siempre una emoción especial.

6 sept. 2008

LA CALLE 26

De la Antología de textos dedicados al elemento TIERRA, que recientemente publicamos los escritores de Tirant lo Blanc, esta es mi aportación.

LA CALLE 26 de José Romero

En el centro del estado de Veracruz, en la región de la sierra de Misantla, se encuentra el pueblo Landero y Coss. Es un pueblo fantasma. O al menos eso dicen.
Sin embargo se puede ver que hay casas bien construídas, o en proceso de ampliaciones, grandes pero vacías. Las calles pavimentadas con cemento hidráulico, limpias y solitarias. Es un pueblo habitado por ancianos, mujeres y niños. Y algunos hombres jóvenes, como Anselmo.
Recién llegó al pueblo después de una ausencia de casi dos años, viene de Chicago Illinois, en los Estados Unidos, adonde emprendió el viaje a los diez y nueve años en busca de mejores oportunidades para su recién iniciada familia. Trabajó en un pequeño restaurante griego como ayudante de cocina, hacia de todo, lavaba platos, limpiaba mesas, sacaba basura, lo que fuera, para todo era bueno y la paga era en dólares. Los fines de semana tomaba fotos en las fiestas y acontecimientos sociales de la comunidad veracruzana por esas tierras. Con aquella cámara que el tío Filiberto le regaló en su cumpleaños diez y ocho. Vivía en la calle 26, un barrio lleno de mexicanos, casi todos del estado de Veracruz.
Llegó a Landero y Coss en busca de su esposa Celsa y su pequeña hija Diosseline, a quien solo conoce por las fotos que Celsa le mandaba, pues emprendió el viaje a Chicago con ella apenas embarazada. Se fue a las tierras gringas como tantos otros en el pueblo, en busca de los dólares que allá se pagan. En Landero y Coss, casi todos los hombres agarran camino a esa tierra del norte, dejan en sus hogares a las mujeres o a los abuelos y les mandan dinerito en cuanto apenas lo ganan. Con ello van ampliando la casa o arreglando desperfectos, para cuando regresen, dicen ellos. Pero casi nadie regresa a este pueblo.
Anselmo vino por su esposas y la pequeña, para emprender el viaje otra vez, ahora con ellas a cuestas. Celsa está contenta del regreso de su marido, no comparte el entusiasmo del viaje, pero lo seguirá adonde él mande y diga, pues en el fondo sabe que en esta tierra metida en la sierra de nadie, no se come como Dios manda.
El domingo en la Iglesia, Celsa reza para que todo salga bien y lleguen sin contratiempos. Mira de reojo a su marido, lo nota cambiado, viste diferente, habla con palabras gringas y le nota la mirada mas dura que antes. Ahora es un hombre, su hombre, se dice. Anselmo sostiene a la niña entre sus brazos, dirige su mirada hacia su esposa y sonríe. Y entonces ella sabe que estarán juntos muchos años, no importa donde.
Por la noche mientras cenan con los padres de Anselmo, les platica de la calle 26 donde se encuentran tantos paisanos y gente del pueblo, de los grandes centros comerciales, de los coches y la paga en dólares por horas de trabajo. Pero también de la "migra", de la cual hay que cuidarse para que no lo retachen a uno. Celsa lo escucha en silencio, encuentra en sus palabras la fuerza para el viaje y la certeza de que llegarán a la calle 26 que tanto le platica.
Por la mañana muy temprano, Celsa se despierta y no encuentra a Anselmo a su lado, se levanta y sale al patio donde el olor a tierra húmeda y el aire fresco cubren la mañana. Descubre a su marido con la cámara en las manos, toma fotos de la casa y del patio, ella se acerca y lo interroga con la mirada, él sonríe y le dice que se lleva en las fotos la casa de sus padres, para tener presente donde jugaba de niño. Entonces Celsa se dirige a un lado de la casa, donde retoñan unas flores, toma un bote de aluminio y lo llena de esa tierra húmeda y negra, Anselmo se acerca a ella y, entre ambos llenan de tierra veracruzana sus ilusiones.